Guía de artes y oficios

COLECCIONISMO

Así éramos. La cerámica popular en la colección Naharro

23 marzo 2021
TEXTO
Txema Ybarra
El alfarero de Navarrete nos descubre su fascinante antología en barro, con joyas insólitas y mucho que contar sobre quiénes éramos y somos.

 

La Rioja ha sido tradicionalmente tierra de barros. Hoy, por desgracia para los que amamos la artesanía, lo es menos. De sus numerosos centros cerámicos solo el de Navarrete sigue activo y no con el pulso de antaño, amén de otros cambios. Las ollerías bajaron del cerro Tedeón, donde se encontraba la mejor arcilla, para buscar acomodo junto a la carretera, el arte del torno ha ido dando paso a la industria del molde y los esmaltes se encargan hoy a la Bayer. Pero si bien es cierto que el oficio ya no da de comer a casi todo el pueblo como hasta hace tan poco como los años 80, sigue siendo su gran bandera. Covid mediante, en julio de 2020 se celebró la decimosegunda edición de la feria N.A.CE, de referencia en el mundo de la alfarería y cerámica en España. También sigue sentado en su alfar, plenamente activo, Antonio Naharro, toda una institución por habilidad, espíritu emprendedor y afán por preservar un legado que se pierde en el Neolítico.

Un Renault 6. Ese fue el vehículo con el que se recorrió media España en busca de las tradicionales piezas de cerámica empleadas en el día a día del campo y las cocinas. “Ricas y pobres”. Cántaros, tinajas, orzas… Que luego fue depositando en la parte superior de su fábrica y almacén, todo un museo de usos y costumbres populares con mucho que contar. “Es historia de España. Nos dicen cómo vivíamos”, explica Antonio. Amontonadas en sencillos estantes, una detrás de otra, son un canto a la diversidad: están representadas todas las provincias de España. Divertido es econtrar divergencias, similitudes y algunas conexiones insólitas, como la que existe en la línea geográfica entre Salamanca y Galicia. «El barro es el mismo, con mucha mica, y por tanto ligero y refractario», apunta.

«Antonio recaló con 17 años en Navarrete siendo quinta generación de alfareros de Tierra de Barros»

En tren. Así llegó Antonio a Navarrete, recién cumplidos los 17 años, procedente de la auténtica Tierra de Barros, comarca del sur de Badajoz de donde es oriundo. “Tardamos tres días en llegar desde Salvatierra, mi pueblo, pero por todo el tiempo que pasamos esperando en las estaciones. Era el año 1958. Nunca olvidaré la entrada en Salamanca: había montones de gentes junto a la vía. Se podría hacer una película de eso. En Miranda del Ebro vi la nieve por primera vez. Y pensé: dónde nos habremos metido”. No iba solo; le acompañaban sus padres y sus dos hermanas. Era la esperanza de la familia, en la que él representaba la quinta generación de alfareros.

Antonio Naharro Guia de Artes y Oficios 05

Con 12 años moldeaba sus primeros cacharros y para cuando se enteró a través de un tío suyo que un empresario riojano buscaba un mozo experto para trabajar en su fábrica, le sobraba oficio. Ya instalado en Navarrete, en cuanto pudo montó la suya propia junto a su mujer, Teresa Navarro, una chica del pueblo, por lo que se marchó de voluntario a la mili y así poder casarse, que había que hacerlo todo «por lo legal». Llegaron buenos tiempos. La venta de artesanía vasca esmaltada en blanco, de la mano de Artespaña, fue muy fructífera (presume de algo que muy pocos son capaces: replicar con sus manos cualquier estilo en barro). También sacó tiempo para promocionar la cerámica artesana desde la asociación Alfares. “Tito de Úbeda y yo nos íbamos intercambiando la presidencia y la secretaria”. Pudo viajar. A Marruecos, México, Cuba, Francia… Y pese a tanto trote sigue enfundado en el mono de trabajo. Del torno no le saca hoy nadie, excepto para ir a la huerta y cuidar de su colección.

«Una olla de brujería de tres asas y un cántaro plasmado en el antiguo billete de 100 pesetas, entre los tesoros de la colección»

 

Antonio reconoce que la labor de acopio empezó por el empuje de Emilio Sempere, quizá la figura que más ha hecho por divulgar el oficio del alfarero en España; suyo es el indispensable libro ‘Historia y arte en la cerámica de España y Portugal’. “Me vendía piezas de su propia colección. Eso hizo que me metiera el veneno de la historia y luego empecé a viajar por España en busca de lo que me interesaba. Tengo que agradecérselo a mi mujer, que nunca me decía que no”. Así un día le llegó un chivatazo de un amigo gitano, de oficio predicador, y se bajó hasta Albacete en su Renault 6 para comprar el cántaro que agarraba la morena de Romero de Torres y que se veía en los billetes de 100 pesetas. Es hoy una de las joyas de la colección: ese billete significa mucho para los de su generación. Viajando también descubrió la herencia judía en la cerámica aragonesa, que se firma con la estrella de David, y acabó por enterarse que su segundo apellido, Flores, ligado asimismo a la artesanía del barro en Salvatierra, comparte el mismo origen hebreo.

Antonio Naharro Guia de Artes y Oficios 03

Otro ‘hit’ de su colección es una jarra de Teruel firmada y con la característica decoración verdimorada de esta singular escuela, en trance de desaparición, donde eclosiona la elegancia de lo rústico, tan patria y reconocible asimismo en series de Talavera o Manises. “Me la trajo un cliente hace diez años para que hiciera una réplica y nunca volvió a por ella”. Está por tanto “en préstamo”. También destaca un “cántaro de novia” procedente de Cuenca por ser tan difícil de encontrar. Está decorado hacia el hondón con pájaros y círculos. “Al revés: de arriba abajo”. Por su singularidad le gusta enseñar una caracolera ‘gruyer’ que él mismo diseño, en tamaño maxi, para un homenaje que le hicieron en Logroño, y una “olla de brujería” encontrada en Huesca y de origen navarro. Se usaba para conjurar al Diablo vertiendo agua bendita sobre ella y le intriga que solo tenga tres asas en vez de las cuatro habituales. Por su belleza dentro de su sencillez y ser tan liviano apunta a un cántaro de barro blanco de Palma del Río, pueblo de Córdoba donde ya no queda alfar alguno, historia muy común a tantas otras piezas.

Otra especialidad de su colección es la cacharrería vinculada a la matanza, que por algo viene de una tierra que también es de dehesa y cochinos. “Antes todo el mundo la hacía. Era parte indispensable de la despensa de nuestras casas. El congelador era la mezcla de pimiento y ajos machacados con lo que se curaba la carne o el aceite con el que se tapaba el tarro para hacer vacío y que luego se convertía en deliciosa manteca”. Así éramos. ¿Así somos hoy? Vengan al museo de Antonio Naharro en Navarrete para reflexionar sobre ello.

Para más información: www.alfarerianaharro.com