Guía de artes y oficios

ENTREVISTA

Archer M. Huntington, pasión por España

25 febrero 2021
TEXTO
María Subrá
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Andrew Jim
Entrevistamos a la abogada e historiadora Patricia Fernández Lorenzo, autora de la primera biografía sobre la figura irrepetible de este filántropo hispanista
 
La colección de la Hispanic Society es apabullante. Más allá de cuadros de Sorolla, de Zuloaga y de otros pintores de renombre, atesora vestimenta litúrgica, cerámica de Manises, búcaros de Indias, orfebrería renacentista, herrajes de todo tipo… No hay otra igual sobre la cultura y la artesanía española, tanto por calidad como por cantidad. Y se la debemos por entero a un solo hombre, el empresario e hispanista norteamericano Archer M. Huntington. Sin embargo, nadie había escrito una biografía sobre su figura hasta que Patricia Fernández Lorenzo vio en el Museo de Bellas Artes de Bilbao la histórica exposición sobre la institución que fundó el empresario en Nueva York. Fue en 2008 en su ciudad natal y por entonces solo sumaba el título de licenciada en Derecho.

“Me fascinó su personalidad tan compleja y su relevancia en la cultura española. Conoció y fue amigo del Duque de Alba, Menéndez-Pidal, Concha Espina, Unamuno, Gregorio Marañón o el propio Alfonso XIII”, explica quien es hoy también doctora en Historia y asesora del despacho Ramón y Cajal en derecho del Arte y del Patrimonio Cultural. Aquella muestra dio pie a una labor investigadora que concluyó diez años más tarde con la publicación del libro ‘Archer M. Huntington’ (Ed. Marcial Pons, Ediciones de Historia) y sobre él hablamos en un marco tan adecuado como el Museo Sorolla de Madrid, casa con múltiples muestras de artesanía española que el pintor valenciano pudo construir gracias al dinero que recibió por los encargos que le hizo el propio Huntington.

¿En qué momento un norteamericano que nace a finales del sigo XIX en Nueva York, hijo de un multimillonario, se interesa por España?

El momento nítido de la fascinación de Archer Huntington por un país lejano, con el que no tiene vínculo de sangre o parentesco alguno, aflora en su preadolescencia durante la lectura de un libro sobre España del autor inglés George Borrow, a la que siguen otras lecturas como los ‘Cuentos de la Alhambra’, de Washington Irving, todas ellas fomentadas por una madre cuyo salón estaba decorado con reproducciones de la Alhambra de Granada. Cuando a los 22 años hereda la fortuna de su padre –es hijo único–, abandona su trabajo en los astilleros familiares y manifesta su vocación de hispanista. Su proyecto de vida en ese momento es viajar por España.

¿Cómo es su primer viaje a España?

Es en 1892 y tiene un conocimiento notable del idioma. La ruta que sigue es la del Cid Campeador por el norte de España, en mula y carruajes por carreteras infames. Dedicó después cuatro años a traducir al inglés ‘El Cantar de Mío Cid’, consiguiendo en 1897 el Doctorado en Artes por la Universidad de Yale y en 1904 por la Universidad de Harvard. Además estudió árabe por ser un idioma hablado durante siete siglos en la península ibérica. Cuentan que llevaba siempre consigo un librito del Corán.

¿Cómo ve un padre empresario millonario la vocación hispanista tan temprana de su único hijo y heredero?

En las familias de empresarios suele ocurrir que son las segundas generaciones las que abren la puerta a la Cultura, pues son las que reciben una educación cosmopolita. La rebeldía de Archer hacia su padre se manifiesta en su desinterés temprano por los negocios familiares. Su padre le recriminaba su gasto excesivo e irresponsable comprando libros, pintura y artesanía, pero también le apoyó cuando expuso que quería crear un museo español. Solo le exigió que lo que hiciera, lo hiciera “bien”.

Patricia Fernandez Lorenzo Guía de Artes y Oficios 02

Archer pertenece a una generación influenciada por las ideas de William Morris y su movimiento Arts & Crafts, una reacción a la industrialización y las formas de vida que habían sustituido al trabajo manual por el trabajo mecanizado. Tras ello había una utopía social ejemplificada en el deseo manifiesto de volver atrás para «regenerar» al hombre mediante la artesanía. En su caso, dio rienda suelta a una pasión coleccionista cuyo objetivo, señala la autora de su biografía, era encerrar entre las paredes del museo el alma de una nación a través de sus manifestaciones culturales a lo largo de la historia. “Sus planteamientos como coleccionista fueron además avanzados a su tiempo, pues desde sus primeras compras de piezas y objetos tuvo en mente dos fines: reunir una muestra de carácter enciclopédico con lo esencial y más preciado de la cultura hispánica y presentar su colección en una institución de carácter cultural accesible al público en general, algo que en 1904 resultaba poco común. No se interesó tan solo por la arqueología, la literatura o el arte antiguo. La artesanía de uso común fue otro de sus focos”.

 

«Fue gran amigo de aristócratas, artistas e intelectuales españoles»

 

Desde principios del siglo XX apostó eminentemente por el mecenazgo corporativo, gestionando sus ayudas a través de instituciones. Fue un mecenas “al por menor” y no “al por mayor”, como fue el caso de otros filántropos americanos que buscaron optimizar sus recursos. “Sus ayudas las decidía él en persona y estuvieron siempre directamente vinculadas a proyectos culturales que le estimulaban desde el punto de vista intelectual. Huntington personificó en España un modelo de filántropo y mecenas que apostaba por la cultura y que generó un efecto-contagio entre sus amigos”, continúa Patricia. Así se explica el hecho de que participase junto con aristócratas e intelectuales e incluso con el monarca en patronatos de museos y que apoyase con dinero proyectos culturales en España. Era también un hombre con dos almas a caballo entre dos mundos, el antiguo y el moderno, pero que en último término triunfaba su carácter de persona abierta y de espíritu moderno. “No fue un erudito encerrado en su torre de cristal, a pesar de que a su casa en Carolina del Sur le pusiese por nombre ‘Atalaya’. Fue un hombre permeable a su tiempo y plenamente consciente de los cambios que a lo largo del siglo XX se fueron sucediendo en el mundo de la cultura”.

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El influjo de Arabella, su madre, es notorio, ¿pero qué papel desempeñaron sus dos mujeres?

Su primer matrimonio fue concertado con su prima hermana Helen Gates, algo habitual en el siglo XIX. Ella también viajó España y recientemente he descubierto que escribió algunos libros de poesía inspirados en España con motivo de su visita a Andalucía. Años después se divorciaron, pero ella siguió traduciendo obras de teatro al inglés de los hermanos Álvarez Quintero y de otros autores españoles. Anna Hyatt, su segunda mujer, fue una escultora muy reconocida en Estados Unidos a la que también convirtió en hispanista. En el campus de Moncloa hay dos esculturas de ella donadas por Archer a España: ‘Los portadores de la Antorcha’ y ‘Diana Cazadora’.

¿Tuvieron descendencia?

Huntington no tuvo hijos. El motivo es un misterio. O no pudo o no quiso tenerlos.

Se adelantó a su tiempo confiando en mujeres profesionales…

Contó con mujeres fotógrafas para que retratasen España, algo insólito para su época, y para gestionar la Hispanic Society reclutó un equipo al cien por cien femenino. Así lo describe en una carta fechada en 1943:

“Ud. es seguramente consciente del placer que encuentro en el trabajo del equipo. Y una de las principales razones es debido a que son mujeres, lo que valida, para mi gran satisfacción, la afirmación que tantas veces he sostenido, que el trabajo del museo es un trabajo de mujeres. Aunque lo he repetido ‘ad nauseum’ una repetición más no causa daño alguno”

¿Qué faceta desconocida destacarías de la personalidad de Archer Huntington?

Huntington reunió una colección increíble, animado por el deseo utópico de encerrar entre las paredes del museo el alma de una nación a través de sus manifestaciones culturales a lo largo de la historia, un proyecto más propio de un “titán” –como le tildaron sus amigos en EEUU– que de un hombre. También destaca porque cultivó con esmero la amistad con sus amigos españoles hasta el final de sus días. Ese capital de relaciones que acumuló es lo que le hace más humano.